viernes, 21 de septiembre de 2007

TRAZAR UN MAPA

Trazar un mapa sobre un territorio desconocido es quizás la definición mas precisa para el ejercicio de la teoría. El autor de esta obra me ha solicitado un mapa, yo he aceptado con la certeza en el cuerpo que cada obra se presenta al comienzo como territorio innombrado, desconocido, evidentemente ajeno, lejano del reino de la palabra y exploradores versados comenzamos el reconocimiento lógico: escuelas, influencias, similitudes, quiebres…Un mapa.
Pero ¿Cómo es que la imagen cobra existencia y comienza su periplo de significancia? ¿Cómo es que vibra la materia en la conciencia antes de ver la luz? Dar cuerpo a aquello que es invisible a los ojos es una particular empresa, dar palabra a esta peculiar empresa es olvidarse de la naturaleza de la palabra misma, desconfiar de su certeza y entregarse al azar, entonces “esto no es una pipa” ¿Otro mapa?
L a obra de Rodrigo Piracés se emplaza en el espacio como una invitación a vivir una experiencia, desplegando una curiosa trama significativa plagada de imágenes cuyo sentido está latente no solo en la materia que la habita, sino también en el propio espectador. Cuestión de sintonía, traslación de la conciencia a la experiencia. Este es un viaje por la materia y la conciencia, aquí y ahora… o debiera decir inconsciencia?
Atendamos al llamado de este viaje ¿Representación o quiebre? Qué creen ustedes, el rabo del ojo observado a su vez por una razón despierta, puede darnos sorpresas.
Una constante en la obra aquí emplazada es la pregunta por la existencia de la materia en el espacio, su irrupción en el vacío, los imaginarios evocados a partir de su emergencia, su quietud y su vaivén. Aquí, la incorporación del movimiento evidente, trae en su oscilación la pregunta por el tiempo, esa nave en la que todas y todos viajamos familiarizándonos sutilmente con su naturaleza a través de la recurrencia de los ciclos, el transcurrir de los días, el crecimiento, o la declinación; nuestro concepto de tiempo oscila entre lo que es recurrente y lo irreversible. El tiempo no existe en cuanto objeto, imposible tocarlo, nos atraviesa, de esta forma, el movimiento, al parecer, actúa como su evidencia haciendo visible su transcurrir.
Existe en esta obra, una inspiración casi fotográfica: capturar y evidenciar la presencia del movimiento. Ahora bien, la tridimensionalidad, factor que marca la distancia con lo fotográfico, le regala a la obra la posibilidad de escenificar lo evidente y sugerir lo imperceptible, esto nos induce a entender el movimiento no solo de los objetos, de los elementos, sino también de los tránsitos significativos que provoca el juego de estos desplazamientos. Espejear aquello ya sabido desde tiempos arcanos y reconocido ahora por la física cuántica: todo está en constante movimiento, en constante vibración. La materia se presenta entonces como una permanente interacción de partículas en donde cada observador participa activamente en la comprensión y configuración de la misma, los fenómenos se manifiestan a través y en la mente del espectador, sin su mirada una parte de la realidad desaparece pudiendo o no reaparecer frente a la mirada de otro espectador, muchas miradas entonces ampliarían el universo de representación o la representación del universo…
El territorio se encuentra dividido en tres grandes espacios: la zona de la contemplación: tres cetros montados sobre tres circunferencias, acompañados, cada uno, de grandes aspas giratorias (dos de ellos exactamente iguales flanquean a un tercero, sospechosamente distinto). Al centro, la zona del azar y la intención, de la carcajada y la crítica: ocho artefactos enfrentados en dos columnas de cuatro, mediando en este pasadizo se encuentra un noveno artefacto, esta vez dentro de una caja con grandes orificios que dejan entrever su flamante contenido. Y finalmente: el umbral, al que accedemos después de “esquivar” una escultura móvil y dos entradas laterales provistas cada una de un objeto, que si miramos con atención es uno solo, que al ser montado fue separado. Tres entradas, tres, cetros ¿Curioso no?
Desde el comienzo, la posibilidad de elegir la entrada a este espacio, presenta al azar como elemento principal en la composición de la obra y en la posterior aprehensión de la misma, colmando de intención aquello que las vueltas del cotidiano ofrenda día a día. Es posible distinguir en el desfile de objetos, de artefactos aquí emplazados, la perseverancia en el gesto de ensamblar y combinar… el artista como un encontrador, jugando en el territorio del inconsciente, develando el misterioso punto en que la materia muta hacia otra cosa recordando siempre su sustancia inicial, el instante en que cada objeto desde su mismidad continúa su viaje en otra realidad, otro guión, otro ensamble, en donde el azar se vuelve sintonía visibilizando aquello que permanecía oculto. Una existencia nueva que curiosamente carga, a veces implicita a veces explícitamente, con una memoria ligada a su uso, a su función. Solo una mirada dotada de clarividencia podría revelar los fragmentos de realidad almacenados en estos artefactos…una y otra vez la sindelita funcionando, podría contarnos acerca de todas las conversaciones emitidas desde este auricular, citarnos con ciertos curiosos detalles aquellas escenas de las que estos trozos fueron testigos, descifrarnos su desgaste, los mil viajes de la motoneta; cuantas imágenes, cuantas manos, cuantas huellas.
Aunque a estas alturas es lícito que me pregunte por nuestra complicidad espectador/lector (a), ¿se encontrarán acaso nuestras conciencias si miramos sostenidos por la misma palabra…? Después de todo me permito dudar ante la más concreta de las evidencias: la materia, sus uniones, vetas y texturas podrían llevarnos por viajes absolutamente disímiles. Los pliegues de este escenario son múltiples y nuestro viaje ya partió mucho antes de encontrarnos frente a este umbral.
Creo adivinar en el gesto de Piracés una intención mas bien inclusiva, no se trata de limpiar a la cosa de su carga para sumergirla en el arte desde el olvido, no. Es trabajar desde la propia persistencia de la materia y de las intenciones que la acompañaron, generando un enlace que autorice una existencia otra, que abra junto al espectador otra persistencia. El gesto entonces abre una puerta al inconsciente esgrimiendo una pregunta por el tiempo, el espacio, la materia y el sentido del arte mismo.
El arte como una forma de viajar por la existencia quebrando los límites de lo razonable, como una manifestación eternamente presente de esa multidimensionalidad que tan sólo la noción acumulada en la palabra inconsciente puede abarcar. La obra como hallazgo, como hilo que se retoma a partir de una trama infinita de las múltiples combinaciones de lo ya existente, como evidencia de la flexibilidad de las matrices de sentido que rigen los límites de la lógica lineal.
El artista como espectador llamado a la contemplación de un devenir, sujeto a las variaciones de aquello que se manifiesta misteriosamente en la interacción de su intención y lo que encuentra en su viaje. La experiencia creativa no sólo como una forma de hacer, sino también como una forma de mirar, de contemplar. Es curioso como de pronto se activa en la memoria este aspecto nómade del sentido y la forma, recolectar imágenes (lo que buscas te busca) y por el simple gesto de escoger, abrir umbrales para ser traspasados por miradas otras; observadores que por un instante sutil habitaron una complicidad indefinible y decidieron entrar, lanzar una carcajada o espetar un silencio, participar, atentos o distraídos, en el rito de la trasgresión paradigmática. Siempre me ha llamado la atención aquello de que el rito es la repetición de una serie de movimientos, de una serie de formas que abren un espacio y un tiempo determinados, toda vez que se ejecuten estarán sintonizando con aquellos que anteriormente hicieron lo mismo, completando su gesto.
Y nos queda la palabra, esa mecánica comunicativa tan funcional, tan responsable del sentido, la palabra escrita: este laberinto tan perfecto, me declaro cómplice e inocente a la vez, creo entender que ésta, buscando referirse a la obra abrirá otro espacio de existencia para la misma.
Hablemos pues de la inclusión de la palabra en esta obra, la influencia de su presencia es insoslayable, digámoslo aquí, de espectadora a espectador(a)… Y la de su ausencia también. Seres alfabéticos agradecemos la presencia de algunas letras, que a modo de título nos anticipan “de que se trata”, las buscamos, para encausar nuestros devaneos, su ausencia nos desconcierta en ciertos casos. Pero cuando la propia palabra, aquella que supuestamente debe referirse en forma explicativa al objeto en cuestión, es la que se arranca con colores propios, por fin podemos lanzar una carcajada libre de culpa…aah el arte.
Sutil es el encuentro del sentido y la textura de la letra
Sutil el momento en que huérfanos de razón nos sumergimos abriendo espacios otros para navegar.
Soporte Inestable, reescenifica al gesto artístico como trasgresión de los límites, desde la simpleza de lo cotidiano, configurando un espacio plagado de sonidos, citas, trozos de algo que curiosamente fabrican otra cosa, artefactos desde donde emergen voces, fluídos, luces, silencios. Invitando al espectador a realizar un viaje, un periplo desde el inconsciente, detonado por la memoria que late en cada objeto, porque, de alguna manera “el pasado siempre nos vuelve a pasar”; instalando espacios de sentido habitables desde la multiplicidad del presente.
Trazar un mapa es proponer una estrategia para abarcar un territorio, entregar guiños, pistas que permitan iniciar una expedición con ciertas previsiones.
Trazar la ruta de la imagen desde la palabra escrita es justamente eso, proponer un mapa que desde el lenguaje, recorra a su propio ritmo dicho territorio, instalando vertigos, suspensos o calmas, sobre un paisaje en constante movimiento. Es dar cuerpo en la palabra a aquello que pende de la materia, es elegir umbrales otros para entrar en el territorio, es fijar la residencia de la contemplación en el acto de la escritura.

Paula Olivares Gallardo
Licenciada en Teoría e Historia del Arte
Universidad de Chile
Santiago, Julio, 2007

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