THE SHILEAN CINETIC FORMS: llame yá!!!
La inevitable comparación con el arte cinético, se asume en esta obra más como una coincidencia, que como una reedición de dichos postulados.
Rodrigo Piracés
El trabajo de Piracés resulta de la conciencia en torno a la sobrepoblación de artefactos y sus respectivas campañas mediáticas que ofrecen la solución “a todo” y a cualquier precio. La carrera consumista que ofrecen las potencias tecnológicas a través de las multitiendas en la actualidad no es posible de impedir ni detener, pero tal vez se les retarda en la medida que un producto dado de baja es convertido en una pieza fundamental para poder competir con el potencial comunicativo de una vitrina o “display” de venta. Esta dificultad ha sido la motivación de base que el artista ha tenido en cuenta para su producción visual.
Estos cuerpos son el resultado de la permanente observación y crítica, son tesis de laboratorio callejero y, al mismo tiempo recurren a una nostalgia latinoamericanista como referente al paradigma de la utopía. Desde ahí se erigen como discursos políticos que ponen en cuestión el sentido y el sistema del arte refugiado en la institución y el mercado.
Se puede decir que la trayectoria de Piracés ha ido de forma gradual del constructivismo informal a la deconstrucción del principio escultórico tradicional. Sus obras se estructuran como una representación provisional, como una performance de taller que luego es extendida al espacio público dando como resultado obras con las que interactúan los espectadores y las fuerzas externas: Parque Américo Vespucio en Recoleta (naturaleza o energía mecánica o eléctrica); En el Centro Cultural Delia del Carril y el proyecto de intervención de las líneas de tranvía del año 2002., donde unos círculos de plumavit hacían visible un tiempo y que quedó abandonada cual osamenta tecnológica en medio de una ciudad moderna. Estas piezas giraban con el viento y poco a poco se fueron desarmando, eran muy frágiles; en la actualidad cerca del Parque Forestal se ven algunas piezas girando, con el tiempo se han convertido en presencias fragmentarias y discretas que ya no remiten a ninguna forma y origen más que el propio abandono.
En la exposición que se presenta en el MNBA vemos como la característica de los objetos es la movilidad o cinetismo mecánico, tanto si este es provocado por motores eléctricos, sistemas manuales y auditivos que pueden ser manipulados y activados por los visitantes. Es cuestión de recorrer la exposición para comprobarlo. A la entrada de la Sala Chile, se encuentra una escultura de gran formato conectada a un motor de lavadora Fensa, el cual moviliza un cajón a una velocidad de un minuto por vuelta, teniendo el espectador que sortear el objeto para ingresar a la sala. Un letrero anuncia peligro: Advertencia: Esta escultura atropella a visitantes a cada quince minutos.
Estas obras están más cerca de los artefactos Parrianos (claro que su móvil no es el lenguaje, sino el “supersigno” desenvuelto en el espacio), en el sentido de trabajar el espacio desde su funcionalidad, como una operabilidad destinada a lo cotidiano, para desquiciar totalmente esa pregunta: ¿para qué sirve?
El viaje vertiginoso del cuerpo entre lo objetual práctico y lo sígnico metafísico determina una estructura de paranoia, donde se enfrenta la blanca pulcritud sacra a la mancha grasienta como una gota de chilenidad sin límites claros.
En este proyecto existen tres claves: el tiempo, el cuerpo y el yo. El tiempo como finitud, el cuerpo como límite y el yo como conciencia.
La exposición es una selección de artefactos manipulados, readaptados, transformados y maquillados para la ocasión. Se trata de objetos encontrados y recolectados entre el año 2000 y el presente, que fueron de uso doméstico y que son deconstruídos a fin de que se conviertan en otra cosa. Este efecto de extrañamiento que sufre el objeto no es para abandonarlo en la bodega o convertirlo en chatarra. Aquí su conversión es un cierto “ennoblecimiento” aurático donde la “cosa”, cualquiera que sea, ya no puede ser lo que antes fue, tal vez es este el primer efecto lingüístico, no ser lo que se era, parodiando incluso al poema de Rimbaud: “¿Qué ocurriría si la hojalata despertara siendo una trompeta?”. En esta caso vemos por ejemplo, un estanque de bencina de motoneta Vespa, conectado a un parlante que repite un texto en una cinta sinfín o una estufa Caluret conectada a un batidor manual que mediante un motor de licuadora e injertado en el cuerpo de la estufa “tijeretea” el aire y al ritmo de sus hojas batientes.
En suma, las esculturas inestables de Rodrigo Piracés son efecto de la discontinuidad, reciclaje y desplazamiento de objetos-palabras donde lo sonoro, mecánico y situacional establecen temporales y precarias fronteras disciplinares. La paradoja, la experiencia in situ y el nomadismo lingüístico dan sentido artístico a estructuras primarias de segunda mano.
Ramón Castillo
Curador de Arte Contemporáneo
viernes, 28 de septiembre de 2007
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